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Amor a cobro revertido

Cuánto dolor puede albergar un corazón. Cuántos golpes necesita para romperse. Cuando el dolor es aún más grande que la definición de dolor . Y absolutamente todo se paraliza menos los latidos quebrados de tu corazón que piden que alguien lo devuelva a la vida. En qué parte del camino te perdí, dónde se fue esa mirada que anclabas a la mía. Quizás te perdí en una pregunta, quizás en una despedida o al abrazarte en mitad de la noche. Pero un día te fuiste y aunque tú regresaste, nunca más coincidimos. Recuerdo cuando eras puro hielo y solo con mirarte me sangraba el alma. Cuando cada día me anclaba a tu último suspiro para soñar que me querías. Hoy vuelve a pasar lo mismo. Solo le pido al pasado que no te recuerde lejos de mí. Necesito recordarte pegado a mi pecho, hablándome como si necesitaras escuchar el eco de mi voz resonando en tu oído. Como si esperases mi amor a cobro revertido. Como si por esos segundos solo existiéramos tú y yo. Contigo he renacido de mis cenizas. Por
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El silencio del querer

Creo que es la incertidumbre la que me presiona el pecho y me hace dudar hasta el último eslabón de mi pensamiento.  La lucha eterna contra el silencio que nos encierra. Qué se puede interpretar de él. El miedo, la huida, el terror y escuchas a lo lejos unos pasos que desconoces si se acercan o se desvanecen. Estamos en un lugar sin nombre, sin luz, sin principio y sin final. Una tierra que no sabemos a quién pertenece, o si algún día la recordarán porque hubo un tiempo en la que la habitamos. Los dos. Juntos.  Ese lugar tendrá el leve recuerdo de quienes fuimos juntos: nuestras risas y las palabras ahogadas en tu mirada queriendo explorar una salida . La mía intentando descifrar qué escondes en la cabeza y en ese corazón que lleva secuestrado toda la vida. Una incertidumbre que arrasa y protagoniza los domingos sin fin. Los bucles infinitos y el grito que te lanzo en cada despedida. Intento olvidarme de todo esto que he desprendido, de las dudas con las que me arropas e intento aferr

Alas para dos

Era un huracán imparable, una locura transitoria. Volaba porque huía de todo lo que la ataba, volaba para encontrar la libertad, porque libertad era ella  y siempre he odiado las cadenas, siempre he odiado todas las que no fueran ella. Cuando caía la noche y no sabía donde encontrarse lo hacía en corazones que no eran suyos, con palabras que no salían de su boca. Era capaz de encontrar la felicidad en cualquier bar de Madrid, pero no con cualquiera que se rindiera a sus versos. Paraba la ciudad con su suspiro, callaba para escuchar mi boca rozar su comisura. Y así dimos paso a todos los pasos que nos llevaron a tantas camas vacías las cuales llenamos con suspiros y algo de amor, no tanto como el que nos tuvimos. Pero nos guardamos el suficiente como para ocultarnos y convencernos de que aún éramos nuestros. Sin darnos cuenta de que ya éramos el uno del otro y así sin saberlo nos perdimos, pero hay quien dice que mereció la pena si al menos nos quisimos la mitad de lo que fuimos. Y aunq

Al son del corazón

 Hay días en el que uno siente el futuro más cerca que nunca. La piel es capaz de sentir absolutamente todo lo humano y lo que no lo es. L a cabeza no es capaz de mantenerse ni siquiera dos minutos seguidos sobre la tierra que pisan tus pies y el corazón está tan débil que olvida su coraza. Dadas estas condiciones uno se cree que capaz de vislumbrar aquello que nos ha preparado la vida para los años que nos restan. Además, da la casualidad de que todo lo que se percibe durante esas 24 horas que dura el día, menos mal, es triste y tiene un aire a dolor. El día se vuelve gris y uno solo quiere volver a ese tiempo pasado donde era tan feliz que no tenía tiempo de temer por el futuro. Son horas que pasas fatigándote y pensando qué será de tu poesía cuando todo lo que conocemos ya no exista.  Pero de repente esos ojos negros repletos de recuerdos rompen el caos y se anclan en este corazón que vuelve a latir al son.

Ningún adiós es para siempre

Cuando uno se ha ido sin despedirse es difícil encontrar las palabras con las que volver. Lo único seguro es que siempre que no se está seguro de la huida uno deja la puerta medio abierta por si el miedo se apodera y necesitas regresar a donde siempre fuiste feliz. No recuerdo el momento donde dejé todo este caos, que poco a poco fue disipándose. Siempre lo relaciono con que abandoné la escritura cuando encontré la paz y la felicidad, supongo que la connotación no es triste, porque encontré lo que buscaba con las letras: respirar de nuevo. Aquí pude construir ese pequeño rincón donde romperme la voz y deshacerme de todo lo que me pesaba día a día. Me deshice del dolor, la pena, la frustración, el amor y, a veces, incluso del mismo corazón que me ahogaba. La mejor parte fue encontrar un espejo donde reflejarme y la respuesta de miles de personas que se reunieron alrededor de mi duelo convertido en poesía. Ahora, que me he liberado del yugo, vuelvo más fuerte que nunca. He vuelto a con