domingo, 14 de enero de 2018

Revólver

Andaba disfrazada de diana porque un día la convencieron de que merecía que cada bala lanzada desde cualquier mano debía acabar en su pecho.

Aseguraban que en su piel todos los principios daban vértigo, y al final era ella la que acababa huyendo. A veces buscaba a quien la quería encontrar, para echar a suertes un amor destinado a fracasar, porque ella estaba rota y el puzzle que llevaba consigo quien la quería abrazar solo iba a hacer que se rompiera mil veces más. Porque a veces no basta con sujetar a quien busca la salida de emergencia.

Perseguir y desvestir al fantasma que vestía sus miedos, ese era el verdadero reto. Retar a la muerte a un duelo para comprobar quién le temía más a la eternidad. Y ella perdía en este juego que siempre era la vida, temblaba aunque el revólver no estuviera cargado.

Así es como concluyó al final de su despedida que el verso nunca llegó a convertirse en poema porque quizás quien lo escribía nunca llegó a sentirse poeta.


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martes, 26 de diciembre de 2017

Volver


Todo empezó a perder el control que yo con mi miedo había impuesto, y dispuesta a ordenarlo de nuevo, me cogiste de la mano, aunque te sentí en el pecho, y me enseñaste a vivir en una continua tempestad, a disfrutar del caos y hacerlo mío, me repetiste mil veces que caminara con calma entre todas las ruinas, que aquello seguiría ahí cuando decidiera volver.

Así fue como me anclé a tu cuello y decidí adentrarme temblando y despacio en un corazón que hace tiempo olvidaron. Volví a mí, a mi dolor reconstruido y a mi palpito incansable. Cesaste todo huracán perdido y me acompañaste en la aventura que me suponía devolver a mi vida el latir de ese corazón que no hace tanto se encontraba derrotado.

Tras tantas noches sin aliento aprendí a quererte sin vivir continuamente buscando una salida de emergencia.

Y te cedí mis sábanas, mi cuerpo y mis bares.


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domingo, 12 de febrero de 2017

Silencio y vacío

Solo quería que te callaras y me besaras para no darte tiempo a que pensaras o cayeras en la idea de que estabas comiéndole la boca a un puzzle al que le faltaban piezas.
Que quien temblaba era mi corazón y no yo, y no por el frío del invierno sino por el que había en mi pecho; era miedo y vértigo. Ambos sentimientos encontrados luchando por sobrevivir a la marea que parecía estar destruyéndoles.

Cerraba los ojos y rezaba por guardarme todo el dolor que sentía, te seguía el baile de tus labios sin conocer ni siquiera la música que estaba sonando, sentía que la vida había seguido la carrera y que me había quedado en la salida, y que tú y esos labios amargos eran mi pasaporte a un mundo que jamás quise pisar desde que me quitaron el corazón.

Me equivoqué, dudaste una vez y no quisiste volver a preguntar, no por romperme sino por salvarte a ti de la condena de tener que liberar a un cuerpo sin vida que se vestía de melancolía.
Y conforme tú creías que sumabas conmigo al mismo tiempo yo estaba restando, así conseguí que nunca llegáramos a ninguna parte, que te cansaras de andar y no ver nunca el final. Te fuiste y volví a respirar. Había vivido con pánico, porque en todo el tiempo que me escondí en tus brazos no aprendí a querer, acepté el corazón cerrado por derribo que me había tocado ocultar y seguí con mi vida, deseándote a ti otra mejor junto a quien pudiera encajar en tu desastre.



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sábado, 31 de diciembre de 2016

Revolución

No hace falta tener delante un cuerpo sin vida para saber que has matado a alguien, basta con mirarle a los ojos y ver en ellos el abismo, cómo evita tu voz y le tiemblan las piernas cuando se pone su falda favorita, por miedo a que sea demasiado corta o a que hoy no te apetezca verla así vestida.

Le susurras al oído una orden disfrazada de amor envenenado y todo cambia, el cuarto se convierte en una jaula, la cama en una condena y tu cuerpo en unas cadenas que se sujetan con fuerza sobre sus caderas,
y ella queda inmovilizada con un grito atrapado en la garganta ante el miedo de querer huir y no poder.

No hace falta verte las manos manchadas de sangre para llamarte asesino, porque no necesito ver ninguna prueba del delito para saber que la mataste con cada insulto, desprecio o silencio que le dedicaste para saciar tu rabia y tu vacío.

Cuánto dolor arrojado por tu boca para ocultar todo lo que te odiabas, cuántos disparos lanzados con esas manos débiles e inútiles para disfrazarte ante el mundo, de un hombre en el que jamás te convertiste. Porque nunca entendiste que la fortaleza no te la otorgan los golpes sobre la mesa.
Y todo para que se hiciera tan pequeña que ya no quisiera escapar, porque perderla a ella era perderte a ti, porque tú sin ella no eres nada, pero ella sin ti volvió a ser.

Y aunque haya gente que justifique tu crimen,hoy nosotras te condenamos aunque no dejases ninguna herida en su cuerpo, porque su dolor está detrás de la piel, ahí donde nadie ve.
La has matado, convirtiéndola en lo que tú necesitabas para justificar cada grito que la dejaba en silencio, pero en mitad de una tormenta se convirtió en revolución, gritó hasta olvidar su pena y ahora usa cada cicatriz como excusa para justificar su valentía.







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domingo, 13 de noviembre de 2016

Cuando despiertes

Una vez más te equivocaste amor, 
no es que yo no fuera,
sino que no quería ser contigo.

Porque ahogarme en tu deseo 
era aceptar que no podría gritar ninguna noche más, 
que mi voz quedaría bajo el pretexto 
de quien lo intentó sin salir de las sábanas. 

Así me convertí en tu peor recuerdo, 
pero me quedo con que tu pesadilla 
solo fue la sombra de la vela que jamás se prendió,
porque aprendió que no merecía el dolor 
consumirse a la luz de quien ni siquiera intentó salvarla del incendió.





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domingo, 16 de octubre de 2016

Si tú eres infierno yo seré fuego

Fuimos dos cuerpos buscando calor en mitad de la noche y buscándonos caímos en el recuerdo. Malditas heridas que no sanan sin que las quieran, malditos inviernos entre tus brazos. Maldigo todo lo que te perteneció y me dejaste con tu recuerdo. Porque quisiste morir sabiendo que serías eterno al menos en una parte de mí. Porque jamás me dejaste volar sin antes comprobar que estaba convencida de que lo haría por ti y no por mí.

Y ahora que ya no puedes volver, no porque no quieras, sino porque no te pienso abrir la puerta cuando te pierdas, recuerda poner en tu epitafio que si un día encontraste la luz es porque te enseñé a vivir con los ojos cerrados.



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domingo, 25 de septiembre de 2016

Vértigo

Estaba allí rodeada de fuego, convencida de que si se movía acabaría convirtiéndose en cenizas. Tenía miedo, no podía gritar, nadie la escucharía, y si lo hicieran, pocas personas arriesgarían su vida por un corazón más.

Y aunque nunca ocurrió, mil veces se imagino que venían a rescatarla de la boca del dragón, pero en ese mismo momento en el que en el sueño ella debía volver con quien la había rescatado una puñalada atravesaba su corazón. Lo quería más que nadie pero su miedo era mucho mayor que su deseo. Si puediéramos denominarlo de alguna manera sería con la palabra "vértigo", y es cierto que nunca le han dado miedo las alturas, pero sí las cadenas.Y aunque vértigo y cadenas no sean sinónimos, en cuanto a palabras se refiere, si lo son si hablamos de sentimientos. El vértigo te paraliza, las cadenas también. Frágil y decidida despertaba soñando un día en el que pudiera deshacerse de esa coraza que la estaba reteniendo. 



Fotografía: @Milordgr


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