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Volver

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Todo empezó a perder el control que yo con mi miedo había impuesto, y dispuesta a ordenarlo de nuevo, me cogiste de la mano, aunque te sentí en el pecho, y me enseñaste a vivir en una continua tempestad, a disfrutar del caos y hacerlo mío, me repetiste mil veces que caminara con calma entre todas las ruinas, que aquello seguiría ahí cuando decidiera volver. Así fue como me anclé a tu cuello y decidí adentrarme temblando y despacio en un corazón que hace tiempo olvidaron. Volví a mí, a mi dolor reconstruido y a mi palpito incansable. Cesaste todo huracán perdido y me acompañaste en la aventura que me suponía devolver a mi vida el latir de ese corazón que no hace tanto se encontraba derrotado. Tras tantas noches sin aliento aprendí a quererte sin vivir continuamente buscando una salida de emergencia. Y te cedí mis sábanas, mi cuerpo y mis bares.

Silencio y vacío

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Solo quería que te callaras y me besaras para no darte tiempo a que pensaras o cayeras en la idea de que estabas comiéndole la boca a un puzzle al que le faltaban piezas. Que quien temblaba era mi corazón y no yo, y no por el frío del invierno sino por el que había en mi pecho; era miedo y vértigo. Ambos sentimientos encontrados luchando por sobrevivir a la marea que parecía estar destruyéndoles. Cerraba los ojos y rezaba por guardarme todo el dolor que sentía, te seguía el baile de tus labios sin conocer ni siquiera la música que estaba sonando, sentía que la vida había seguido la carrera y que me había quedado en la salida, y que tú y esos labios amargos eran mi pasaporte a un mundo que jamás quise pisar desde que me quitaron el corazón. Me equivoqué, dudaste una vez y no quisiste volver a preguntar, no por romperme sino por salvarte a ti de la condena de tener que liberar a un cuerpo sin vida que se vestía de melancolía. Y conforme tú creías que sumabas conmigo al mismo tiempo...

Revolución

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No hace falta tener delante un cuerpo sin vida para saber que has matado a alguien.   Basta con mirarle a los ojos y ver en ellos el abismo, cómo evita tu vo z y le tiemblan las piernas cuando se pone con su falda favorita. Por miedo a que sea demasiado corta, o a que hoy no te apetezca verla así vestida. Le susurras al oído una orden disfrazada de amor envenenado y todo cambia. El cuarto se convierte en una jaula, la cama en una condena y tu cuerpo en unas cadenas que se sujetan con fuerza sobre sus caderas. Y ella queda inmovilizada con un grito atrapado en la garganta ante el miedo de querer huir y no poder. No hace falta verte las manos manchadas de sangre para llamarte asesino, porque no necesito ver ninguna prueba del delito para saber que la mataste con cada insulto, desprecio o silencio que le dedicaste para saciar tu rabia y tu vacío. Cuánto dolor arrojado por tu boca para ocultar todo lo que te odiabas, cuántos disparos lanzados con esas manos débiles e inútiles para disf...

Cuando despiertes

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Una vez más te equivocaste amor,  no es que yo no fuera, sino que no quería ser contigo. Porque ahogarme en tu deseo  era aceptar que no podría gritar ninguna noche más,  que mi voz quedaría bajo el pretexto  de quien lo intentó sin salir de las sábanas.  Así me convertí en tu peor recuerdo,  pero me quedo con que tu pesadilla  solo fue la sombra de la vela que jamás se prendió, porque aprendió que no merecía el dolor  consumirse a la luz de quien ni siquiera intentó salvarla del incendió.

Si tú eres infierno yo seré fuego

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Fuimos dos cuerpos buscando calor en mitad de la noche y buscándonos caímos en el recuerdo. Malditas heridas que no sanan sin que las quieran, malditos inviernos entre tus brazos. Maldigo todo lo que te perteneció y me dejaste con tu recuerdo. Porque quisiste morir sabiendo que serías eterno al menos en una parte de mí. Porque jamás me dejaste volar sin antes comprobar que estaba convencida de que lo haría por ti y no por mí. Y ahora que ya no puedes volver, no porque no quieras, sino porque no te pienso abrir la puerta cuando te pierdas, recuerda poner en tu epitafio que si un día encontraste la luz es porque te enseñé a vivir con los ojos cerrados.

Vértigo

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Estaba allí rodeada de fuego, convencida de que si se movía acabaría convirtiéndose en cenizas. Tenía miedo, no podía gritar, nadie la escucharía, y si lo hicieran, pocas personas arriesgarían su vida por un corazón más. Y aunque nunca ocurrió, mil veces se imagino que venían a rescatarla de la boca del dragón, pero en ese mismo momento en el que en el sueño ella debía volver con quien la había rescatado una puñalada atravesaba su corazón. Lo quería más que nadie pero su miedo era mucho mayor que su deseo. Si puediéramos denominarlo de alguna manera sería con la palabra "vértigo", y es cierto que nunca le han dado miedo las alturas, pero sí las cadenas.Y aunque vértigo y cadenas no sean sinónimos, en cuanto a palabras se refiere, si lo son si hablamos de sentimientos. El vértigo te paraliza, las cadenas también. Frágil y decidida despertaba soñando un día en el que pudiera deshacerse de esa coraza que la estaba reteniendo.  Fotografía: @Milordgr

Alas para dos

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Era un huracán imparable, una locura transitoria. Volaba porque huía de todo lo que la ataba, volaba para encontrar la libertad, porque libertad era ella  y siempre he odiado las cadenas, siempre he odiado todas las que no fueran ella. Cuando caía la noche y no sabía donde encontrarse lo hacía en corazones que no eran suyos, con palabras que no salían de su boca. Era capaz de encontrar la felicidad en cualquier bar de Madrid, pero no con cualquiera que se rindiera a sus versos. Paraba la ciudad con su suspiro, callaba para escuchar mi boca rozar su comisura. Y así dimos paso a todos los pasos que nos llevaron a tantas camas vacías las cuales llenamos con suspiros y algo de amor, no tanto como el que nos tuvimos. Pero nos guardamos el suficiente como para ocultarnos y convencernos de que aún éramos nuestros. Sin darnos cuenta de que ya éramos el uno del otro y así sin saberlo nos perdimos, pero hay quien dice que mereció la pena si al menos nos quisimos la m...

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