lunes, 16 de marzo de 2015

Hay comienzos que comienzan al final.


Después de ese silencio que para mí fue eterno, pero que tú hubieras deseado que durase mil años, pasó. Recuerdo el percibir tu miedo en cada paso que dabas hacia mí, te acercaste lo suficiente como para tener la posibilidad y el espacio de volverte y desaparecer en el caso de que nada saliese como habías planeado. Lo dijiste sin pensarlo, porque temías lo que acabó sucediendo, el error de tu vida y el comienzo de la mía. Tratamos de llevar la situación entre falsas risas mientras que nos ahogábamos ante un futuro con más dudas que certezas, pero en ese momentos nos creímos invencibles, como si tú decisión no nos hubiera roto y el corazón nos siguiera latiendo al mismo tiempo. Y como nunca entre promesas que jamás llegaríamos a cumplir y un abrazó que macó el punto y final a nuestra historia, llegó el momento en el que nos tocaba avanzar solos, y tanto avanzamos que acabamos perdiéndonos para siempre.
Fuimos protagonistas del dolor que se siente al sentir demasiado.


5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. A mí me encantan tus comentarios, siempre me motivan a seguir escribiendo.
      Mi apoyo incondicional para tu magnífico blog.
      Nos leemos💕

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  2. Un relato que llega dentro.
    Saludos.

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    1. Me alegro que te haya hecho sentir, nos leemos.

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