lunes, 16 de febrero de 2015

La necesidad de amar, y el suicidio de no sentir.

“Ya no me importas” ese era el titular de mi vida cada mañana.
Es cierto que no debería de estar arrepentido, fui yo quien te dejé. Me vendiste un amor idealizado, y yo lo compré, sin comprobar mi derecho de devolución. Poco a poco fui comprobando cómo las características que me habían prometido no existían. Creí que invirtiendo mi tiempo en ti, y en reformarte lograría cambiarte.


Me equivoqué y no pasó mucho tiempo hasta que pude constatarlo. Sólo eras la persona que yo quería que fueras durante la noche, sólo cuando dormía eras capaz de hacerme feliz. Es duro escribir estas palabras con lágrimas en los ojos y el corazón roto a la vez que le doy un sorbo a ese café que tú me recomendaste una mañana de domingo.
Demasiado tiempo echado a perder para aprender que lo que sucedió fue por mi adicción a hacer lo simple complejo. Tengo que aprender a no complicar las cosas cuando van bien.


Te conocí una fría tarde de lunes, me sentía solo, y tú te encontrabas en la misma condición, lo supe por tu forma de moverte, la mirada que le echabas a las parejas del parque. Cuando comencé a hablarte confirmé mis sospechas. Iba a por todas, no estaba dispuesto a permanecer más tiempo al lado de la soledad. Así fue como te conquiste, desnudando ante ti las miserias de mi alma.


No pasó mucho tiempo hasta que lo hice plenamente, me pregunto por qué corrimos tanto, parecía como si el tiempo nos acechara, la verdad es que desde que nos conocimos ambos supimos que ese falso amor no duraría más de un par de veranos.
Es increíble, pero cuando vi tu cuerpo desnudo ante el mío no sentí absolutamente nada, ni siquiera atracción, a los ojos de cualquiera hubieras sido como la manzana prohibida del Edén, pero para mi nunca fuiste suficiente, probablemente porque te entregaste sin tener que ir yo a buscarte. Te quitaste la ropa antes de decir tu nombre, un placer para muchos, menos para mí.
Siempre te mostraste como alguien imposible, pero accesible a todo aquel que te desease,siempre fingiendo ser inalcanzable. Nunca me llenaste ese vacío que intentaba ocupar. Me diste todo lo que te pedía, me compraste con falsas promesas, pero al fin y al cabo, lo necesitaba.
Gracias a la manera en la que te mostré al mundo pude alimentar mis ilusiones, te definí como la mejor mujer del mundo y al final, aunque sólo fuera durante un tiempo, me lo creí.
Pero de repente un día desperté y te vi a mi lado, estábamos viviendo en una mentira la cual nos hacía “felices”. Fue ahí cuando me di cuenta de que esa no era la vida que había soñado desde pequeño, siempre había dicho que no me quería levantar una mañana y darme cuenta de que había perdido el tiempo, nunca pensé que mi realidad estuviera tan alejada de los sueños que un día tuve. En ese momento sentí que me ahogaba, y que tú eras la causa, es cierto que no era así, pero yo lo sentía de esa manera.
Tal fue mi agobio que allí acabó todo, entre calada y calada a medida que me iba acortando la vida te iba matando poco a poco con las palabras, tú llorabas como si te importara, mientras que en mi cara se podía percibir una ligera mueca de felicidad. En ese instante mi miedo a la soledad había desaparecido, sólo me importaba que abandonases la cama antes de que me arrepintiera.

Y todo terminó como empezó, con dos personas al borde del abismo, las cuales creen ser empujadas por la soledad, pero a la vez ciegas, ya que no se dan cuenta de que detrás de ellos hay personas, esas que aún son capaces de soportar todo el dolor de sus almas.




3 comentarios:

  1. Dios mío, me encanta. Transmites tanto en tan poco espacio *__*

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    1. Ay dios, comentarios como el tuyo son los que me dan la energía y me aportan la ilusión para seguir escribiendo, porque si al menos consigo que le guste a una persona, ya habrá merecido la pena.
      Mil gracias por leerme, hasta pronto

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  2. Una gran sorpresa .me encanta. sigue asi

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