martes, 28 de enero de 2014

El último viaje

Se encontraba sentada en el autobús con la mirada perdida entre el paisaje que le mostraba su ventana, no hacían falta lágrimas en su rostro para mostrar que estaba destrozada.
-¿Qué te pasa?- Susurró su amiga.
Suspiró y pestañeó, su pregunta quedó en el olvido durante un par de segundos, hasta que las palabras comenzaron a desprenderse de ella.
-Me pasa todo, ese es el problema, hace tiempo que tengo que cargar con un vacío tan grande que cada día que pasa se me hace más difícil, es como si todo el mundo supiera hacia donde va y yo avanzara perdida.
Lucho por demostrar que aún soy fuerte, pero mírame, no soy eso que intento aparentar.
Tras tomar un sorbo de aire prosigió- La gente recurre a mi porque soy ese tipo de persona que sabe ordenar las palabras de tal manera que suenan bien, quizás soy una de las pocas que logro sacar de toda la mierda de los demás algo bueno, les escribo aquello que desean leer, digamos que les pinto todo de un color que  verdaderamente no es, y se sienten bien con ello.
Esos mismas personas son las que pormeten estar ahí, pero nadie puede aliviar mi dolor, es duro vivir sabiendo que la única persona que es capaz de salvarte es la misma que un día te hundió.
No finjas entenderme, porque ahora mismo es imposible que lo hagas, vives enamorada y en este momento ni siquiera puedes rozar la realidad con la punta de los dedos, vives inversa en un mundo donde el motivo de tu felicidad es el mismo que el de tu mayor tristeza.

Me vengo abajo porque veo que no salgo de este pozo sin fondo, no veo el momento de ser realmente feliz.
Odio cada minuto que paso fingiendo felicidad, porque verdaderamente no la siento.
Probablemente no hay Dios ahí fuera capaz de aguantar mis putas malas caras, mis malos despertares y mis cambios de humor.
Cada mañana me pregunto si existirá persona en el mundo que pueda  reparar el destroszo que llevo aquí dentro, vivo con un dolor constante en el pecho, ese que a cada momento me recuerda que aún me queda un largo camino por recorrer, a veces me da fuerzas, y otras me las quita.
Suspiró mientras elevaba la cabeza y se secaba las lágrimas que descendían por sus mejillas.
-Pero bueno, todo se solucionará.- Dijo tratando de hacerse sentir mejor.


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